miércoles, junio 24, 2009

Día 693, miércoles

"No puedo quejarme de nada, tuve una educación privilegiada. El problema fundamental de educarse es que eventualmente uno se da cuenta de las cosas. Estudié antropología. Al acabar la carrera, algunos profesores coincidieron en que yo era una promesa. Gané muchos premios aquí y allá. Me becaron en distintas universidades. Antes de que me dedicara exclusivamente a esto, escribí unos libros sobre política, medios de comunicación y postcolonialismo. Todavía algunos recuerdan el ensayo que publiqué en una revista sobre el mensaje oculto del Chavo del 8 -poca gente lo sabe, pero esa serie obstaculizó la lucha de clases en Latinoamérica. Lo que quiero decir es que ascendí hasta lo más alto que puede llegar un chico de mi edad, con cierto nivel intelectual y un poco de capacidad creativa. Es gracioso, justo cuando había decidido abandonar el país e iniciar una nueva vida muy lejos, encuentro aquellas cintas de video. Resulta increíble cómo un fragmento de tu pasado puede atentar contra todo aquello que crees que está sucediendo con tu vida. Por ejemplo, yo creía que lo tenía todo: reconocimiento, estabilidad económica, una pareja. Pero nada de eso podía cambiar los árboles verdes, el cielo gris, la pasividad de la habitación de los abuelos un jueves por la tarde. Intenté analizar las imágenes, sacarles brillo, deconstruir su estructura. Todo en vano. Hasta que un día, después de una larga temporada recluído en mi habitación, me percate de lo violentas que resultaban aquellas imágenes. Una violencia absolutamente devastadora. En conjunto, aquella vida fue lo que Albert Camus atinó en metaforizar como una peste, una lenta, trágica y monocorde peste".

domingo, junio 14, 2009

Día 683, domingo

Takeshi le dio un largo sorbo a su lata de cerveza. Gonzalo permaneció quieto en su cama. Una suave música empezó a sonar desde la computadora portátil. De pronto, la expresión en el rostro del presidente cambió. "¿Alguna vez te ha pasado algo parecido?", le preguntó. Disculpa, pero creo que no entendí bien la metáfora. El presidente Gonzalo estalló en carcajadas. "Takeshi, eres un buen chico. Me gusta mucho tu sentido del humor". El joven periodista sonrió. "Me contaron que estuviste algún tiempo con una chica del campamento", dijo el presidente, sacando una especie de cigarro de uno de sus bolsillos. No sé a lo que te refieres. "Vamos Takeshi, puedes hablar con confianza. Este es un lugar muy pequeño. Tarde o temprano todo se sabe". El presidente sacó de una pequeña mesa de noche un encendedor. "¿Somos amigos, Takeshi?". Claro que sí. "Entonces cuéntame", le dijo, prendiendo su cigarro. No hay mucho que contar, la verdad. Takeshi volteó la lata de cerveza sobre su boca, buscando las últimas gotas de licor. "Las mujeres", murmuró el presidente Gonzalo, "son como un cáncer".

miércoles, junio 03, 2009

Claudio Baschuk, in memoriam

martes, junio 02, 2009

Día 671, martes

"¿Nunca has sentido como si hubieras hecho algo terrible y no tuvieras capacidad para poder recordarlo, como si tuvieras la mente en blanco frente a tus propios defectos y no pudieras ni siquiera recapitular el preciso instante en que todo empieza a ponerse nublado y los rostros de la gente adquiren formas oblicuas? Es decir, aquella noche has podido meterle la mano a la mejor amiga de tu novia frente a todo el mundo y tú no lo recuerdas. Las posibilidades son miles y eres ajeno a cualquier desición que hayas tomado entre las 3 de la mañana y el momento en que despiertas en casa de tus padres. Estás desnudo, por lo que adivinas que tu ropa se ha ido cayendo de a pocos en el camino. No has despertado en casa de alguna mujer, por lo que es fácil deducir que no llegaste a convencer a ninguna (o ninguna estaba lo suficiéntemente borracha, que es igual). El caso es que estás solo, desnudo y hace frío. Y sabes que has hecho algo terrible. Esa sensación te persigue a lo largo de las cuadras que te separan de la avenida en dirección a la casa de tu novia. Se te ocurren una serie de posibilidades. Te pusiste a tomar como un loco y a hablar como un necio, eso ya se sabe, siempre ocurre lo mismo cuando tomas. El detalle está en qué sucedió después y eso tiene que ver con la gente que estaba a tu alrededor. Durante el camino a su casa haces un esfuerzo e intentas recordar qué sucedió entre la enésima copa de vino y la conversación con esa chica de piernas largas y cara de caballo. De pronto te mueres de sed. Serías capaz de arrodillarte para tomar agua del escusado si fuera necesario. Ella te abre la puerta, te mira de manera desapacionada, te hace pasar a su casa y actúa como si le diera lo mismo tenerte ahí o no. De pronto, se te ocurre que debes haber hecho algo realmente terrible para que ella actúe de esa manera. Pero, mientras caminas a su habitación y la contemplas acostarse otra vez en su cama, se te ocurre que a lo mejor no hiciste nada. Ni le metiste la mano a su mejor amiga en frente de todo el mundo, ni te fuiste de la fiesta con esa chica de piernas largas y cara de caballo. ¿De dónde viene entonces aquel sentimiento de culpa que convierte todo lo profano en piedras grises y ovaladas? Te recuestas junto a ella y la contemplas dormir".